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¡CUENTA UNA HISTORIA!

La imagen llega antes que los números y los datos. Un estilo abstracto siempre es malo para comunicar. Las frases deben rebosar de piedras, sillas, animales, sudor, ropa, cejas, hombres y mujeres con sus anhelos y pasiones.



Una vez, después de una de mis intervenciones en público, alguien me dijo: «Eugenio, ¡pero qué bien hablas, que palabras tan bonitas!». Fue un cumplido que agradecí. No obstante, el comentario me hizo pensar… : ¿Era ese el objetivo de mi speach, decir algo bonito?, ¿tenía algo que transmitir o deseaba deslumbrar con la belleza alambicada de mi verbo?


Hay combates de boxeo muy floreados, en los que uno de los púgiles baila y baila sin cesar dando vueltas alrededor de su contrincante, moviendo los puños y pegando botes. Asalto tras asalto, nuestro boxeador finaliza el combate como si fuera un digno bailarín del Bolshoi, pero el rostro del rival apenas sufre el roce del guante. ¿Se ha desenvuelto bien en la lona? Sí. ¿Ha evitado, incluso, el puño de su adversario? Sí. No obstante, como dirían los expertos: «carece de pegada».


¿Cómo queremos que sea nuestro discurso?: ¿Queremos que sea «bonito» o queremos que tenga «pegada»?, ¿queremos simplemente gustar y quedar bien o queremos alcanzar la mente y el corazón de nuestro auditorio? Yo no quiero que me digan: «Qué bien hablas». Quiero que me digan: «Me has hecho ver las cosas de otra manera», «Esa idea ha sido fascinante», «Me llevo un propósito renovado»... Eso es lo que quiero: alumbrar no deslumbrar.


Una historia, una vivencia propia o ajena, es la herramienta imprescindible para impactar en nuestro público. Es sabido que las historias nos aprovisionan para la vida. Vamos al cine, al teatro, leemos novelas… porque queremos sentir emociones, vivir las experiencias de otras vidas. Queremos asombrarnos, reír, sentir escalofríos con aquello que nos cuentan.


Veamos un caso práctico [cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 😊]. Una reconocida pediatra es invitada a pronunciar una conferencia en la asociación de padres de niños prematuros; ella misma tuvo un hijo con esta circunstancia. Está preocupada. Falta una semana para el evento y todavía no sabe cómo enfocar su intervención. Ella piensa en dos opciones: (1) Por un lado, cree que lo mejor es apoyar con vivencias el discurso. (2) Pero también considera otra opción: Sostener el discurso en una vivencia.


1. En la primera opción, el hilo narrativo sería una suma de argumentos. Supuestos los saludos iniciales, iniciaría la intervención del siguiente modo: «Los cuidados del niño prematuro comienzan de inmediato, en la unidad de neonatos. Es el caso de uno de nuestros hijos, el mediano… ».


2. En la segunda opción, el hilo es un acontecimiento. Diría algo así: «Jorge, mi hijo, nació antes de tiempo. La comadrona me lo arrancó de las manos. Durante mes y medio permaneció lejos de mí, en la incubadora, envuelto entre cables y sensores… ».


¿Qué opción recomendarías a la pediatra? La segunda, ¡por supuesto! Porque la historia debe ser la espina dorsal de la intervención.


Las historias nos conectan con la vida, y en esa medida captan nuestra atención. Nada mejor que las personas y las situaciones para ilustrar la realidad. Cuando aprendemos a combinarlas ante un auditorio, adquirimos un gran poder: Convertir cualquier suceso en un acontecimiento atractivo para nuestra audiencia. Las historias nos sirven para una convención, para una homilía o para ser un padre o una madre de primera.


Se trata de sumar a mi historia las ideas o los argumentos pertinentes, no al revés.

Insisto, las historias nos aprovisionan para la vida. Como decía Tom Peters:


«Una clave, si no la clave, del liderazgo es la comunicación efectiva de una historia, es decir, de un significado. Las historias son lo que anima nuestro proceso de reflexión. Las historias nos dan permiso para actuar. Las historias son fotografías de quienes aspiramos a ser. Las historias provocan respuestas emotivas. Las historias conectan. Las historias somos nosotros».


Y Mircea Eliade, mitólogo, decía también: «Nosotros somos seres para la aventura. El hombre nunca podrá renunciar a que le narren historias».


Así que, ¡conviértete en un recolector de historias propias o ajenas! Y utilízalas siempre para llegar a la mente y al corazón de las personas. #comunicación #storytelling #liderazgo #hablarenpúblico #historias #presentación




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