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Aumenta tu energía: «Actúa con entusiasmo y serás entusiasta»

  • Eugenio Pérez Freire
  • 31 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 feb

El poder de la fisiología sobre el estado de ánimo o cómo cargarse las pilas


Entusiasmo

La fisiología influye sobre el estado de ánimo. Cuando lo experimenté, lo entendí.


Había sido una de esas jornadas completas: revisar y responder el correo electrónico, una videoconferencia no prevista. A continuación, la presentación de una jurista británica —of course—. Otra videoconferencia —más larga que la primera—, una comida rápida, llamadas de teléfono, más correo electrónico, temas pendientes…


Cuando llegué a casa —¡bendito hogar!— estaba rendido, bostezaba, cerraba los párpados; las pilas se habían agotado. Entré en el estudio —la cueva que todo hombre debe tener—, me senté en el sillón, seguí bostezando y, sin querer, fijé la mirada en la bicicleta elíptica, junto a la librería. Uno de esos artilugios sin sillín diseñados para acompasar los brazos y las piernas. Y la miré diciendo: «¡De qué vas! ¿Hacer ejercicio? ¡Ni loco!». Lo que me apetecía era cerrar los ojos y dormir.


No sé cómo sucedió, pero de pronto me encontraba caminando sobre la elíptica. Agarré las barras y, medio sonámbulo, comencé a pedalear. Pasaron treinta minutos, ¡y me había vuelto la energía! Era otra persona. Me sentía despejado, incluso con ganas de hacer cosas.


Tan solo media hora de ejercicio aeróbico había bastado para cambiar mi estado de ánimo. Por un momento recordé aquella dinamo que alimentaba la lámpara de mi vieja bicicleta roja —una de tantas bicicletas plegables que se pusieron de moda hace décadas—. Aquella pequeña dinamo producía energía cuando rotaba por el contacto con el neumático. La dinamo, parada, era inservible; como lo era yo antes de hacer ejercicio.


«Tan solo media hora de ejercicio aeróbico había bastado para cambiar mi estado de ánimo»


Por tanto, si me encuentro cansado y quiero sentirme enérgico, no hay nada más fácil e inmediato: actuar sobre la propia fisiología. Como decía Dale Carnegie: «Actúa con entusiasmo y serás entusiasta». Suena voluntarioso, ¿verdad? Puede, ¡pero funciona!


¡Pruébalo! Cambia tu postura: si estás sentado, levántate. Modifica tu respiración: si es rápida y superficial, conviértela en lenta y profunda. Estira el cuerpo: si estás encogido, enderézate, estira el cuello, levanta la cabeza, mira al frente.


Éste es el procedimiento más radical para cambiar un estado emocional: cambiar la propia fisiología. ¡Que se lo digan a los actores de teatro! ¡Cuántas veces han sufrido desgarros emocionales horas antes del comienzo de una representación: el fallecimiento de un ser querido, una llamada telefónica indeseada, una ruptura sentimental…! ¡Cuántas veces se han presentado sobre el escenario enfermos, con fiebre o con un dolor agudo insoportable! Ante esas situaciones, repiten siempre: «¡Que el espectáculo continúe!».


Así es, ya habrá tiempo para curar las heridas. Ya habrá tiempo para ordenar los sentimientos. Porque ahora —y no mañana— es el momento... de actuar.

 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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