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Aprende a trabajar más duro en ti que en cualquier otra cosa

  • Eugenio Pérez Freire
  • 15 feb
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 1 día

¿Estás dispuesto a invertir en ti mismo y en tu desarrollo para hacer valer tu talento?


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Meses atrás, disfruté del aniversario de bodas de un matrimonio amigo —¡bodas de plata!—. Un acontecimiento de alcance si contemplamos los tiempos que corren, porque más del 50 % de las uniones legales se rompen después de cumplir los diez años de convivencia.


Una capilla, situada en la finca de un complejo bodeguero de Aranda de Duero, fue el lugar elegido para la celebración eucarística. A la izquierda del altar, un cuarteto de cuerda animaba la ceremonia. Eran tres violines y una guitarra española. Los intérpretes rondaban los cuarenta, y me preguntaba: «¿Por qué están aquí?, ¿cuál es su historia?, ¿¡cuánto tiempo les habrá costado dominar el instrumento!?, ¿¡cuántos “noes” a invitaciones, gustos y preferencias para continuar practicando hasta que los dedos obedezcan a la partitura!?».


Al día siguiente, ya en Madrid, al salir de un centro comercial, y ocupado en mis pensamientos, una melodía me alcanzó: la Danza húngara n.º 5 de Johannes Brahms. La interpretaba un violinista de ropas grises con una bolsa de plástico abierta a los pies.


Ahí quedó la cosa, hasta pasados unos días, cuando volví a ver la película Amadeus. Buena parte del argumento relataba la rivalidad entre Mozart y Salieri. Mozart: brillante, ingenioso, creativo, pero también impulsivo y voluble. Salieri: trabajador, constante, disciplinado; sus composiciones brotaban más de la transpiración que de la inspiración. Salieri nunca llegó a ser Mozart, pero fue un músico extraordinario.


A la vista de estos dos célebres compositores, me vinieron a la memoria las imágenes del cuarteto de cuerda burgalés y la del desconocido violinista madrileño, y me preguntaba:


«Quizás estos nunca lleguen a tocar en un gran teatro, quizás el gran público nunca aprecie su talento. Entonces, ¿qué hay de tantas horas de entrega y sacrificio? ¿Tendrán que dedicarse a otra cosa para ganarse la vida? ¿Sería mejor un trabajo fijo y estable? ¿Para qué complicarse la vida?».


Enseguida me di cuenta del error. No estaba planteando bien el asunto. Preguntas como esas le llevaban a uno al estercolero del resentimiento y la complacencia; yo procuro alejarme de los lugares fétidos. Creo firmemente que cuando una persona disfruta con su trabajo, cuando su actividad diaria se convierte en su pasión, cuando la vocación se identifica con la profesión, cuando uno conecta con su sueño más cierto y pelea por vivirlo… el esfuerzo siempre merece la pena.


Tu instrumento es solo una extensión de ti mismo. Tu música es lo que eres, lo que piensas 

Dizzy Gillespie


El común de los mortales estamos más cerca de la aptitud del músico veronés: tenemos, de partida, un talento razonable. Ahora bien, si queremos que emerja el resto del iceberg, la entrega y el sacrificio constantes no son negociables. Este es el principio. Aquí no hay atajos.


Y mientras uno se cuece en la perseverancia, todavía hace falta algo más: hay que aprender a gestionar el talento. Porque un músico también es un profesional, alguien que vive del oficio.


Hoy, el mundo de la música es una potente industria y centros educativos como el Berklee lo saben. Por eso, también forman a los artistas en una competencia clave: la habilidad para conducir el talento por los vericuetos del mercado.


Si quieres que tu talento sea retribuido, has de hacerte «valioso» para quienes pueden recompensarte. Salieri llegó a ser compositor de la corte austríaca; nadie pagaba mejor en aquella época. ¿Y tú? ¿Cómo puedes aumentar tu valor?


Alguien dijo una vez: «Aprende a trabajar más duro en ti que en cualquier otra cosa». Y todo ello, en muchos ámbitos y de una forma verificable. Porque no basta con «tocar bien». Son muchos los que «tocan bien». Estás llamado a interpretar un instrumento esencial, el más valioso: tú. Porque tú eres... un stradivarius. Aprovechar las cualidades de su caja de resonancia, aprender cómo afinarlo, sacar partido a sus vibraciones únicas, el cuidado diario... dependen de ti.

 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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