Abraham Lincoln supo cómo lidiar con la adversidad y la frustración
- Eugenio Pérez Freire
- 18 jul 2023
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 1 abr
La historia de Lincoln es una inspiración para enfrentar los desafíos de la vida con coraje y determinación

Abraham Lincoln perdió su trabajo (1832).
Fue vencido como candidato a la legislatura (1832).
Fracasó en los negocios (1833).
Sufrió una depresión nerviosa (1836).
Fue vencido por el presidente de la Cámara de Representantes de Illinois (1838).
Fue derrotado al no ser nominado para el Congreso (1843).
Perdió la reelección para el Congreso (1848).
Fue rechazado para un cargo en la Oficina General de Tierras (1849).
Fue derrotado en su intento de llegar al Senado (1854).
No logró la nominación a la vicepresidencia (1856).
Fue derrotado nuevamente en su carrera al Senado (1858).
Fue elegido decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861).
Un líder es un «gestor de significado», alguien a quien se recurre para interpretar el sentido de los acontecimientos. Lincoln lo fue porque no solo interpretó cabalmente sus propios fracasos, sino que también gobernó su vida con una obstinada integridad. Ambos atributos fueron indispensables para conducir al pueblo norteamericano hacia cotas más altas de dignidad y prosperidad.
Hoy, muchos headhunters, cuando realizan entrevistas a sus candidatos, suelen indagar por algún fracaso de su historia laboral: «¿Qué aprendiste de aquella situación?». La pregunta pretende explorar la capacidad de la persona para gestionar la frustración y aprender de los fracasos. La respuesta es crítica y retrata al aspirante.
No es fácil manejar los reveses de la vida de manera constructiva, y menos aún en momentos oscuros en los que tomar decisiones acertadas es vital.
Lincoln consiguió responder a un dilema infernal: ¿paz y esclavitud o guerra y derechos civiles? Su carácter —el conocimiento y la gestión de sí mismo y de sus fortalezas—, y su autoridad moral para ofrecer un significado vigoroso a la nación, fueron las auténticas armas con las que consiguió —en el mismo quicio de la guerra—, aprobar la decimotercera enmienda. Un éxito histórico para un hombre que se hizo fuerte en el fracaso.
El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es tener el coraje para continuar
Abraham Lincoln
La frustración siempre está ahí, porque no todo sale a mi gusto, porque las personas no siempre responden a mis expectativas, porque soy frágil y vulnerable, porque la contingencia forma parte del paisaje de la vida.
Por lo tanto, hay que aprender a lidiar con ella. Los expertos —Barbara Fredrickson, Marshall Rosenberg o Carl Rogers, entre otros muchos—, y la experiencia lo confirman: la cuestión no es cómo eliminar la frustración. De hecho, todos nos frustramos cada día, en alguna medida. El punto es si tengo las estrategias y la madurez para gestionar mi insatisfacción; ese sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que la imposibilidad suscita.


