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Riccardo Muti te enseña qué es lo que diferencia a un jefe de un líder

  • Eugenio Pérez Freire
  • 4 feb
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 horas

El director de orquesta desvela el secreto de su oficio, al tiempo que nos muestra cómo conducir a las personas para que den lo mejor de sí mismas


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Por qué liderar es mucho más que gestionar el trabajo de las personas. Riccardo Muti lo cuenta con estas palabras:


«Nosotros tenemos una idea que debe ser expresada a través de los brazos, y luego debe ir a través de los instrumentos, que luego son ejecutados con los dedos o la boca de los músicos, y luego ir hacía el público. Es un camino demasiado largo. Marcar los tiempos es muy fácil; cualquiera lo puede hacer. Hacer música es muy, muy difícil». (…) «Tomar las almas de los músicos, la música, los sentimientos. No las notas. Las notas son la expresión concreta de los sentimientos».


Aquí tienes la intervención completa de Riccardo Muti después de recoger el Premio «Músico del Año 2010» de la revista Musical América.



Muy cierto, maestro. Para ser director de orquesta no basta con seguir fielmente una partitura. No basta con saber administrar los tiempos, con hacer lo que hay que hacer en el momento en el que hay que hacerlo. No basta con tener los mejores músicos, al mejor equipo, al mejor pagado. 


Para ser un líder, hay que conectar profundamente con las personas. Conectar con sus sentimientos, con sus necesidades, con sus inquietudes. Tomar sus dones, sus capacidades y ponerlas al servicio de una causa compartida.


Años después, en octubre de 2018, Riccardo Muti concedió una entrevista a Scherzo. El periodista le preguntó su opinión sobre el arte de la dirección orquestal y él respondió:

«Para mí el director es un líder, no un dictador. Es un primus inter pares. Alguien que tiene una idea interpretativa y que la orquesta necesita.


La noción actual de abolir la figura del director no consiste en abolir al director, sino la idea. Furtwängler, Toscanini, Walter o Kleiber dirigían interpretaciones diferentes de una misma partitura porque tenían ideas diversas.


Una orquesta sin director es falsa democracia, pues la democracia necesita un líder que entienda la situación y tome las decisiones. Y eso es algo muy difícil en una orquesta, que es un instrumento humano, con gente que te respeta, te odia, te acepta y te admira.


Estás frente a una sociedad que debes conducir con tu idea. Y para ello no vale con conocer bien la partitura, sino que es fundamental tener una sólida formación previa.


Vivimos en un mundo donde cualquiera parece que pueda ser director de orquesta, tanto el violinista que no puede seguir tocando como el cantante que ha perdido la voz».


Aunque el líder vea nítidamente donde quiere llevar a su equipo, aunque conozca el mapa, aunque cuente con todos los recursos para llegar a la meta, el resultado siempre dependerá de la actitud y la entrega de las personas. Y en este punto, el líder es responsable —¡el único responsable!— de esta «sagrada» tarea.


Hay jefes y hay líderes, y recibir una posición dentro de una organización no te convierte, de la noche a la mañana, en líder de nadie. ¿Jefe? ¡Sí, por supuesto! Cualquiera puede ser jefe. Pero... ¿líder…?


Las diferencias entre jefe y líder 

Hay tres diferencias esenciales que definen la relación del jefe o líder con las personas y los resultados.


  1. El jefe exige resultados; punto, se acabó. El líder también los demanda, pero lo hace despertando el entusiasmo y las ganas de su equipo.


  2. El jefe es quien se adjudica el resultado. En cambio, el líder consigue de su gente resultados extraordinarios.


  3. El jefe se sirve de las personas para alcanzar objetivos. El líder sirve a las personas y utiliza los resultados como medio para que su gente crezca.


Reconocimiento y ayuda

¿Cómo demuestra su compromiso una organización que se atreve a decir que su gente es su verdadero capital? ¿Acaso con un buen plan de pensiones, un bonus potente o unas oficinas de diseño?


Lo primero y principal es la gente. Luego ya vendrá todo lo demás. Enfócate en las potencialidades de las personas, en sus dones adormecidos. Tú estás ahí para ayudar. Esa es tu misión. Recuerda, no eres un jefe. ¡Cualquiera puede ser jefe! Eres mucho más. Eres un líder.

 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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