La mentira y el embuste tienen un objetivo: devaluar la verdad
- Eugenio Pérez Freire
- 11 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 horas
La mentira y el embuste son herramientas de control. Su objetivo principal es alterar la percepción de la realidad del otro para obtener un beneficio o evitar una consecuencia

Dan Kennedy, un famoso copywriter, dijo: «La gente camina con sus cordones umbilicales en la mano, buscando un lugar para enchufarlos». Y está en lo cierto: tenemos sed de sentido. En nuestra naturaleza está el deseo de encontrar la razón de las cosas, la lógica o la finalidad de los acontecimientos y de la propia vida.
Responder a esta sed, es una tarea prioritaria de cualquiera que tenga personas a su cargo. Por eso, el líder es un «gestor de significado»: aquel que comunica una visión inspiradora y clara, establece valores fundamentales, guía a su equipo a través de la interpretación de los desafíos y crea un ambiente de colaboración y compromiso para alcanzar un objetivo común.
¿Te imaginas a un líder cuyos mensajes son confusos o ambiguos, incapaz de inspirar un propósito compartido, antipático, desagradable e incompetente para interpretar los desafíos del «negocio»?
A estos, los ves venir. Son más peligrosos los que carecen de una brújula moral. Te dicen: «Entiéndeme, la realidad es... "dinámica"». ¡Y elástica, y moldeable a su gusto! Por eso cambian de opinión como de camisa.
¿Mentiroso o embustero?
Harry Frankfurt, filósofo y académico estadounidense, conocido por su trabajo en torno a la ética y la teoría de la acción, profesor en varias universidades, incluyendo la Universidad de Princeton y la Universidad de Nueva York, publicó un artículo titulado On Bullshit —literalmente «caca de la vaca», «mentira cochina»—, sobre el embuste o el disparate, publicado en 1986.
Frankfurt exploró el fenómeno del embuste diferenciándolo de la mentira, y lo hizo desde la óptica de las motivaciones y la relación con la verdad.
La motivación del mentiroso es engañar a los demás: hacer que crean algo falso deliberadamente. Él es consciente de la verdad, pero busca ocultarla o reemplazarla con una declaración falsa. En cambio, el embustero no tiene una preocupación real por la verdad o la falsedad de lo que está diciendo. Su objetivo principal es impresionar o persuadir a los demás. Y para lograrlo, recurre a la retórica o a declaraciones exageradas o vacías. No le importa si lo que dice es verdadero o falso, siempre y cuando pueda lograr su propósito.
El mentiroso es consciente de la verdad y la usa como base para crear una afirmación falsa. Sabe cuál es la verdad y hace un esfuerzo para distorsionarla a través del engaño. Por el contrario, el embustero no está comprometido con la verdad. Puede que conozca la verdad o no, pero su principal preocupación no es lo verdadero, sino más bien comunicar con una retórica manipuladora.
Es importante señalar que el ensayo de Frankfurt no aborda directamente la cuestión de la intención maliciosa detrás del embuste. El embuste, según él, se define más por una falta de compromiso con la verdad que por un deseo activo de engañar o perjudicar a los demás, como sería el caso en un acto de mentira intencionada.
En cualquier caso, la pérdida de la importancia de la verdad y de la sinceridad en la comunicación tiene una implicación grave: la pérdida de confianza entre las personas; líderes incluidos, a los que miramos buscando certidumbre y significado. Así, la erosión de la integridad en el discurso privado y público provoca que la palabra dada pierda valor. En consecuencia, el cinismo y el escepticismo terminan socavando la vida de las organizaciones y los ámbitos ciudadanos.
Hoy en día, a las palabras no se las lleva el viento; ahí quedan, registradas en un vídeo, en un audio o en la memoria de la gente, y más pronto que tarde tienen consecuencias. Porque, al fin y al cabo, amamos la verdad, aunque duela, aunque luego cada uno haga... lo quiera con ella.


