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Con mi energía, sea positiva o negativa, influyo en los demás

  • Eugenio Pérez Freire
  • 29 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 4 días

Soy un energizante: mis palabras, mi actitud y estado de ánimo contagian a otros



Tengo una pequeña planta enredadera situada en lo alto de la librería de mi estudio. Todas las hojas verdes están orientadas hacia la claridad que procede de la ventana. Lo vemos en los campos de girasoles; todas las flores están orientadas al sol. Es el llamado efecto heliotrópico. En botánica se describe como el movimiento de un organismo vivo que busca la luz del sol. ¿Y qué es la luz para una planta? ¡Alimento! ¡Vida! Así, por extensión, podríamos hablar del mismo efecto como la tendencia natural de los seres vivos para buscar su fuente de vida y huir de todo aquello que interpretan como una amenaza.


Todos demostramos una tendencia natural por lo positivo y un rechazo por lo negativo. Kim Cameron, profesor de la Universidad de Michigan, cofundador del Center for Positive Organizational Scholarship, reconocido como uno de los Top 20 high-impact ideas por la Harvard Business Review, afirma que también existe un efecto similar en las personas. Según él, y después de reunir una serie de hallazgos, todos demostramos una tendencia natural por lo positivo y un rechazo por lo negativo.


«Los individuos tienden a dar lo mejor de sí mismo en entornos positivos»


Por lo tanto, al igual que las plantas se alimentan a través de un procedimiento singular conocido como fotosíntesis, las personas en una organización crecen y se desarrollan por medio de las conexiones que establecen con otras personas, lo que determina el clima de la organización. Aquí encontramos dos categorías de individuos: los energizantes negativos y los energizantes positivos.


Los energizantes negativos son críticos, inflexibles, egoístas y falsos. Merman el entusiasmo, absorben la fuerza, debilitan y dejan exhaustos a sus compañeros.


Por el contrario, los energizantes positivos son más productivos, optimistas, atentos, fiables, desinteresados e inspiradores. Atraen conocimientos, los comparten, inyectan vitalidad, alientan, estimulan, animan, motivan y transmiten energía.


Ambos son capaces de transformar una organización en función del signo de sus actitudes e iniciativas. Por consiguiente, después de analizar mi comportamiento, la pregunta clave es la siguiente: ¿qué categoría de energizante soy?


Cada una de mis palabras puede ser luz o sombra; cada actitud, alimento o erosión. En la parte que me toca, soy responsable del clima que habito, y en mis manos tengo una decisión ética: ¿qué quiero ser para los demás?


 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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