Cómo debatir en los equipos con resultados productivos
- Eugenio Pérez Freire
- hace 6 días
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 4 días
Las claves para superar el miedo a la discrepancia, evitar silencios devastadores y conducir el conflicto evitando malentendidos

El conflicto forma parte de la vida. Eludirlo es simplemente un error. Todos vemos la realidad con nuestro particular punto de vista. Otra cosa es que la pelea, la discusión, la controversia sean el modo habitual de solucionar los conflictos.
Hace falta debatir de un modo constructivo. ¿Cómo? Estas 7 claves nos dan luz sobre lo que hay que hacer:
1.- No callar, no silencio
Lo cierto es que callarse las cosas conduce al fracaso. Una cultura en la que los miembros de una organización no pueden expresarse libremente es una cultura del miedo. En un entorno así, la gente duda si decir esto o aquello, no sea que esté mal visto, no sea que tenga consecuencias amargas… Además, el miedo favorece la adulación, el peloteo… Un dato: la mayoría de las fusiones o adquisiciones fracasan por falta de transparencia.
2.- Discrepar
Todos creemos que la sana discrepancia es el sustrato del que emergen ideas brillantes o soluciones efectivas. Por eso, no tomamos una opinión divergente como un ataque personal.
2.- Seleccionar múltiples perfiles
Todos los estudios confirman la importancia de la diversidad cognitiva para crear organizaciones inteligentes. No necesitamos un estándar; una especie de traje en el que todos tienen que caber. Al contrario, necesitamos variedad, diferencia, disparidad… Adentrarse en un mundo complejo requiere aproximaciones complementarias.
3.- Buscar el bien común
Tenemos un problema, cuando la prioridad del debate es la búsqueda del asentimiento al precio que sea. Preguntémonos: ¿Qué es lo que sostiene el intercambio de ideas y puntos de vista? Si el grupo tiene un deseo genuino de encontrar un bien común, si no existen intenciones ocultas, entonces el acuerdo/consenso llegará como un subproducto.
4.- Saber quiénes somos
Somos compañeros y formamos parte de un mismo equipo. No obstante, en algún caso, convendría dejar claro qué es eso de ser «compañeros» y qué supone formar parte de un «equipo». No hay que dar nada por supuesto.
5.- Saber el paraqué
Debatimos, no para destruir al adversario, no para llevar la razón, no para quedar bien… Hacemos del intercambio de ideas un cauce para crecer y construir. Por eso, desarrollamos una mente abierta —open mind—: curiosidad y respeto por las ideas de los demás; es decir, somos «intelectualmente humildes».
6.- Atender al proceso
¿Cuál es nuestro objetivo?Aquí hay que distinguir los objetivos sobre el proceso de los objetivos sobre el resultado. Detengámonos en el proceso y repitamos: (1) todas las ideas son bienvenidas, (2) da lo mismo de donde vengan; (3) gana el equipo, no gana una persona concreta.
7.- Evitar equívocos
Se trata de lo siguiente: (1) Centremos el debate en las evidencias y dejemos a un lado las interpretaciones subjetivas o los juicios sobre las intenciones de los demás: nada de ataques personales. (2) Evitemos tácticas retóricas de manipulación. (3) Si el debate sale de la cuestión, hay que volver a introducirlo.
En definitiva, en un debate constructivo hay que combatir a dos villanos: la demagogia emotivista y la falta de consideración. Conducir las conversaciones por el cauce de la racionalidad y el respeto es siempre una apuesta segura.


