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Cuidado con el pensamiento imperativo, está en todas partes

  • Eugenio Pérez Freire
  • hace 13 horas
  • 3 Min. de lectura

Hay un virus que afecta a la salud de gran parte de la población. Su nombre es tengoque. Los síntomas: una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad. No tiene vacuna, pero sí tratamiento


virus_tengoque_pensamiento imperativo

—Mire doctor, no sé qué me pasa, pero últimamente, sin darme cuenta, empiezo a suspirar como si me faltase el aire. Todo me resulta pesado, enseguida me canso...

—Entiendo... Mire, no quiero que se alarme, pero sufrimos una epidemia que se está extendiendo muy rápidamente. Afecta a todo tipo de personas y se contagia a través de un virus llamado tengoque conocido también en su variante debode. Es muy poderoso; puede provocar estados de ansiedad o angustia. El virus se transmite, bien a través del diálogo interno, bien a través de terceros: una conversación, una charla, una homilía incluso, son suficientes para que la víctima comience a percibir los síntomas típicos: sensación de ahogo, suspiros incontrolados, fatiga...


—¿Qué quiere decir, doctor? ¡Me está asustando!   

   

—Veamos, haga memoria. ¿Recuerda haber escuchado en algún sitio expresiones del tipo: «Tú tienes que... », «Tenemos que... », «Tenéis que... », o «Tú debes de... », «Debemos de... », «Debéis de...»?

—Espere un momento... Déjeme pensar... Hace unas semanas que mi familia y yo vamos a misa los domingos a una parroquia nueva. El cura es fantástico, pero... Ahora que lo dice... No para de repetir eso de «Tenemos que...» y también «Debemos de...».


—¡Lo ve! Ahí lo tenemos.


—Si, pero... Mi jefe... ¡Mi jefe también lo repite mucho! En las reuniones siempre está con el «Debemos de... aumentar las ventas», «Tenemos que... incrementar nuestra participación de mercado», «Debemos de... mejorar los resultados de la línea». ¡Y mi mujer...! Cada dos por tres, me recuerda: Manolo: «Tenemos que... ir a comprar la ropa de los niños», «Tenemos que... ir a casa de mi madre», «Tenemos que... quedar con los Benítez», «Tienes que... arreglar el enchufe», «Debes de... arreglar el jardín». Y para colmo, el otro día, un amigo me instaló una de esas aplicaciones de tareas que lo controlan todo. Me senté en el despacho y comencé a escribir una lista de cosas pendientes; fue en ese momento cuando empecé a sentir que me faltaba el aire.


—¿Puede recrear ese momento? Por ejemplo, cuando escribía esas anotaciones, ¿qué se decía?


—A ver... Estaba escribiendo y... me decía..., me decía: «Tengo que... terminar el informe», «Tengo que... reunirme con los compañeros de marketing», «Tengo que... finalizar las cuentas del ejercicio». ¡Tengoque! ¿¡Doctor, estoy infectado!?

—Tranquilícese, hombre. Todavía hay esperanza. Por lo que me dice, la infección está muy extendida, pero todavía estamos a tiempo. Hemos identificado el virus. Por lo tanto, conocemos la etiología. Ahora iniciaremos el tratamiento.

—¿Es doloroso, doctor?


—No, pero por desgracia este virus no tiene vacuna. Se extiende indiscriminadamente y la ciencia, por el momento, sólo ha encontrado un tratamiento eficaz. En primer lugar, preste mucha atención a todo lo que lee, a todo lo que escucha y a todo lo que se dice a sí mismo. ¿Entiende lo que le digo?


 —No sé, creo que sí.


—Segundo, cada vez que identifique el virus tengoque en alguna de sus variantes, inmediatamente sustitúyalo por alguna de estas tres expresiones: «quiero», «decido» o «elijo».     


—Lo siento doctor, no le entiendo.


—Es muy fácil, hombre. No se ponga nervioso. Por ejemplo, cuando repase sus tareas, en vez de decirse a sí mismo: «Tengo que terminar este informe», dígase: «Quiero terminarlo o decido o elijo terminarlo hoy, mañana, pasado, o cuando sea». Fíjese bien, al eliminar el virus tengoque por cualquiera de estas palabras está tomando la iniciativa. Tengoque es un agente externo. Por el contrario, «quiero», «decido» o «elijo» le ayudarán a reconocer que, en última instancia, usted y sólo usted tiene la última palabra.


—¿Así de fácil?


—Haga la prueba. Verá que la mayoría de los tengoque son verdaderamente «quiero». Lo que pasa, es que no los ve como tales porque no los reconoce o no quiere reconocerlos, posiblemente como consecuencia de una decisión primera. Por ejemplo, cuando usted decidió casarse y dijo aquello de «si quiero», ¿sabía que, de algún modo, también se casaba con sus suegros? Pensemos en su trabajo. Cuando usted asumió aquel ascenso que llevaba aparejada una subida considerable de la retribución, ¿era consciente de la responsabilidad que asumía? Seguro que el entusiasmo colocó las dificultades en un discreto segundo plano, pero ahora cobran una nueva dimensión, ¿verdad? En fin, la falta de perspectiva posiblemente convirtió su «quiero» en un tengoque.


—¿Cree usted que funcionará?


—Se lo aseguró. Descubrirá el placer de sustituir cualquier tengoque por un poderoso «¡quiero!». Notará inmediatamente el efecto de este tratamiento. Pero acuérdese, es muy importante: ponga siempre mucha, mucha atención. El virus está... en todas partes.

 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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