El factor más decisivo en la eficacia de un equipo colaborativo
- Eugenio Pérez Freire
- 1 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 feb
¿Qué variables aumentan o disminuyen la cooperación entre las personas? ¿Sabías que las cualidades necesarias para el éxito de un equipo son las mismas cualidades que lo socavan?

Estoy trabajando en un tema relacionado con la capacidad colaborativa de los equipos y he rescatado un estudio de Lynda Gratton y Tamara J. Erickson, «Ocho maneras de construir equipos colaborativos» (Harvard Business Review, 2007). En su opinión, las variables que deben utilizarse para formar equipos exitosos son las mismas que podrían minar su desempeño; una paradoja inquietante.
Cualquier organización, para abordar un proyecto, monta un equipo de personas. Hoy en día, para montar un equipo, necesitas contemplar las siguientes cuatro variables fundamentales:
1. Número
Su número aumenta en proporción a la magnitud del objetivo. No es lo mismo aspirar a la presidencia de tu comunidad de vecinos que ambicionar la presidencia de la nación.
2. Proximidad
¿Es imprescindible que el equipo colabore presencialmente en un lugar concreto? En la actualidad, las nuevas tecnologías facilitan tanto el trabajo a pie de campo como la proximidad virtual.
3. Diversidad
De culturas, de experiencias, incluso de perfiles psicológicos.
4.- Cualificación
Se trata de la cualificación que capacita, a cada miembro del equipo, para desempeñar su tarea concreta. Cuanto más complejo es el problema más exigente es la cualificación requerida.
Pues bien, según el estudio de Gratton y Erickson, estas variables son las mismas que pueden socavar la cooperación en los equipos.
Por ejemplo, si aumentamos el tamaño de un equipo corremos un riesgo: «la profundidad de lo que se piensa es inversamente proporcional al número de los que piensan». Por lo tanto, hay que poner mucha atención para organizar las condiciones que favorezcan el trabajo de equipos grandes. El mismo estudio considera que a partir de más de 20 miembros la tendencia a la cooperación disminuye.
«La calidad de lo que se piensa es inversamente proporcional al número de los que piensan»
La dispersión geográfica es otro obstáculo a salvar, porque cuanto más virtual es el equipo menor es la cooperación. Por otro lado, las diferencias inhiben la colaboración: diferencias de edad, nacionalidad, educación, cargo... Además, cuanto más alta es la cualificación mayor es la tendencia al conflicto improductivo.
Está claro: construir un equipo exitoso es una virguería. Entonces, ¿qué podemos hace para fortalecer sus limitaciones? Pues, por ejemplo, invertir en instalaciones abiertas, tecnología, etc. Y también enseñar destrezas comunicativas, especialmente las relacionadas con la resolución de conflictos. Crear una «cultura del obsequio»: pasar de las relaciones transaccionales (esto a cambio de lo otro) por relaciones incondicionales. Orientar el desempeño de los líderes no exclusivamente a la realización de las tareas, también a la creación, ejemplificación y fortalecimiento de relaciones colaborativas. Reforzar el sentido de pertenencia a la organización entendida como una comunidad. Introducir en los equipos a miembros que ya tengan relaciones de confianza entre sí, con el fin de generar un «efecto contagio». Definir el papel de cada miembro claramente, así como libertad para lograr sus objetivos.
Todas las acciones mencionadas nos sugieren algo crítico: aunque no cuentes con las personas indicadas, las limitaciones personales pueden atenuarse con los medios adecuados y, sobre todo, con la práctica de relaciones genuinas y constructivas.
Estrategia, tecnología y cualificación son pilares necesarios, pero el corazón del equipo está en la calidad de sus vínculos. Unos vínculos que —¡atención!— no nacen de la simpatía fortuita, sino de la valentía y madurez de sus conversaciones.
Muchos equipos fracasan por lo que no se atreven a conversar: expectativas no cumplidas, roles que se solapan, decisiones que no se entienden, errores que nadie quiere asumir o liderazgos que no inspiran...
Así que la cuestión que todo equipo debe plantearse es la siguiente: «¿Estamos teniendo las conversaciones que realmente necesitamos tener?». Porque el éxito colectivo no depende tanto de lo que sabemos hacer, sino de aquello de lo que somos capaces de hablar.
En este divertido vídeo, las intérpretes de Salut Salon se parodian a sí mismas para mostrarnos el problema de la colaboración entre miembros altamente cualificados y virtuosos, como ellas mismas.


