Transforma la melancolía en fuente de inspiración y crecimiento
- Eugenio Pérez Freire
- 21 feb
- 2 min de lectura
Actualizado: 24 mar
¿Qué hacemos con las ocasiones perdidas; esas personas y lugares, acontecimientos del pasado, que todavía nos susurran al oído?: «¿Y si hubiera tomado otro camino?», «¿Qué horizonte dejé sin explorar», «¿Qué puerta no abrí por miedo, indecisión o comodidad?»

Esos momentos me llevan a pasear los recuerdos sobre las decisiones que tomé y las oportunidades que dejé pasar. La melancolía y la culpabilidad acechan.
La nostalgia es un error. Es el intento de recuperar un pasado que ya no existe, olvidando que el único tiempo en el que podemos actuar es el presente
Victor Frankl
Sin embargo, las oportunidades perdidas son parte del tejido de la vida. Algunos estudios estiman que una persona promedio toma entre 30.000 y 35.000 decisiones al día. De este intervalo, la mayoría son decisiones automáticas o inconscientes. Solamente, entre el 5% y el 10% son decisiones conscientes; el calculo oscila entre 1.500 y 3.500 decisiones.
Y para decidir hay que excluir. ¿Cuantas opciones descarto cada día? Escojamos solo las decisiones conscientes. Ante un supuesto escenario de tres alternativas, si elijo una de ellas, descarto dos. Por lo tanto, en el caso del valor máximo del intervalo (3.500 decisiones), cada día descartaría 7.000 elecciones.
Y eso usando números conservadores. Porque, si lo pienso bien, mi vida es literalmente el resultado de millones de caminos que nunca tomé.
Aprender del pasado es positivo. Vivir en el pasado conduce a la ficción, a la melancolía y la impotencia. En lugar de lamentarme por lo que podría haber sido y no fue, ¿no sería más provechoso enfocarme en lo que puedo hacer ahora: fijar nuevas metas, perseguir oportunidades y aprovechar al máximo todo lo que me ofrece el presente?
A pesar de las decisiones del pasado que veo erradas o torcidas, hoy encuentro motivos sobrados para dar gracias a Dios. Y esta gratitud me dispone a recibir la paz que tanto necesito para vivir el presente.
Si echo un vistazo por el retrovisor a las encrucijadas que dejé atrás, aunque un punto de nostalgia me agite por dentro, sé cuál es mi norte. Ya no me inquieta el camino o si quedó algo por recorrer: lo que importa es que tiene sentido.
Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Pero no apresures el viaje en absoluto... Ítaca te brindó el hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino
Constantino Cavafis
El pasado está sepultado, pero en el presente hay vida, significado y propósito. Por eso, la humanidad abre puertas y explora horizontes. Así es como tú yo tejemos el prodigioso lienzo de la experiencia humana.


