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Las personas no son piezas del engranaje de una organización

  • Eugenio Pérez Freire
  • 30 ene
  • 3 min de lectura

Actualizado: 27 mar

¿Qué veo en la gente que trabaja para mí o con la que colaboro? ¿Qué son para mí? ¿Un recurso? ¿Una herramienta? ¿Un número más?



«Las organizaciones no son mecanismos, ni las personas son piezas. Las personas tienen valores y sentimientos, percepciones, motivaciones... y una historia propia; los dientes y los piñones, no».


Lo propio de la persona es la inteligencia, el corazón y el coraje. Inteligencia para razonar ante lo nunca visto; corazón para mostrarnos vulnerables y asumir el dolor ajeno, y coraje para sostener el pulso a la incertidumbre, elegir el camino difícil y no rendirse jamás. Cualidades que las máquinas nunca replicarán.


Tampoco la IA; porque nosotros no solo procesamos datos, comprendemos su significado y sus consecuencias en el mundo real. Una IA puede procesar el dato «inflación del 10%». Puede compararlo con años anteriores y hacer una gráfica perfecta. Pero no comprende el alcance real de su significado: no sabe que ese número se traduce en una madre angustiada en el supermercado, no entiende la frustración del inversor que ha perdido todas sus ganancias, ni el desamparo de los trabajadores cuando la frialdad de un gráfico decide que ya no son rentables. El humano ve el número; y ve todo lo que hay detrás.

     

Por lo tanto, la cultura de una organización es verdaderamente excelente cuando ante las crisis, los conflictos o los cambios, es capaz de poner en juego, de forma natural, esos mismos atributos. Algo que sólo pueden hacer las personas, nunca los dientes del engranaje de una máquina,


Todavía, algunos no han superado el paradigma mecanicista de la organización; el que retrataba con mordacidad, hace ya todo un siglo, la película Tiempos Modernos. Se exige innovación, creatividad, engagement, pero se mantienen estructuras, procesos y modos de relacionarse de hace cien años. Además, las personas valoran algo más que la estabilidad en el trabajo o un salario justo. La gente quiere crecimiento y reconocimiento, quiere valores y un propósito.


«Las personas no son “recursos humanos”; son seres humanos con recursos»

Gary Hamel


Es cierto que los nombres de las divisiones cambian. Ahora se habla de «dirección de desarrollo y adquisición de talento», «dirección de talento, personas y cultura», «jefatura de transformación cultural y engagement», «dirección corporativa de desarrollo de personas», «departamento de salud y capital humano»... Pero la realidad es que, a pesar de la presunción con la que se designan a estos departamentos, en la mayoría de los casos, a las personas se las trata como recursos, humanos, sí, pero recursos al fin y al cabo.


Ahí están los datos. Según un estudio de Gallup, el 82% de los empleados consideraban que los líderes de sus organizaciones no ofrecían una motivación suficiente. Más aún, solo el 13% decía estar comprometido. Y lo que es peor, un cuarto del total de los empleados encuestados, confirmaban estar activamente desvinculados de la organización.


La solución tiene que ver con reinventar la mentalidad de los líderes. Como decía Peter Drucker, uno de los grandes del liderazgo: «No puedes liderar a otra gente si no te lideras primero a ti mismo». Por eso, para pasar de lo mecánico a lo humano, hacen falta líderes con una nueva mentalidad. Es decir, más allá de la sola eficiencia o la mera gestión, se buscan líderes capaces de conectar con la gente, líderes que entiendan las necesidades reales de las personas.



 
 

© 2026 by Eugenio Pérez Freire

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