Con tu energía, sea positiva o negativa, influyes en los demás
- Eugenio Pérez Freire
- 29 ene
- 2 min de lectura
Actualizado: 27 mar
Eres un energizante: tus palabras, tu actitud y estado de ánimo contagian a otros

Todos demostramos una tendencia natural por lo positivo y un rechazo por lo negativo. Kim Cameron, profesor de la Universidad de Michigan, cofundador del Center for Positive Organizational Scholarship, reconocido como uno de los Top 20 high-impact ideas por la Harvard Business Review, afirma que también existe un efecto similar en las personas. Según él, y después de reunir una serie de hallazgos, todos demostramos una tendencia natural por lo positivo y un rechazo por lo negativo.
«Los individuos tienden a dar lo mejor de sí mismo en entornos positivos»
Por lo tanto, al igual que las plantas se alimentan a través de un procedimiento singular conocido como fotosíntesis, las personas en una organización crecen y se desarrollan por medio de las conexiones que establecen con otras personas, lo que determina el clima de la organización. Aquí encontramos dos categorías de individuos: los energizantes negativos y los energizantes positivos.
Los energizantes negativos son críticos, inflexibles, egoístas y falsos. Merman el entusiasmo, absorben la fuerza, debilitan y dejan exhaustos a sus compañeros.
Por el contrario, los energizantes positivos son más productivos, optimistas, atentos, fiables, desinteresados e inspiradores. Atraen conocimientos, los comparten, inyectan vitalidad, alientan, estimulan, animan, motivan y transmiten energía.
Ambos son capaces de transformar una organización en función del signo de sus actitudes e iniciativas. Por consiguiente, después de analizar mi comportamiento, la pregunta clave es la siguiente: ¿qué categoría de energizante soy?
Cada una de mis palabras puede ser luz o sombra; cada actitud, alimento o erosión. En la parte que me toca, soy responsable del clima que habito, y en mis manos tengo una decisión ética: ¿qué quiero ser para los demás?


