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EL MENSAJE QUE LANZÓ IVAN FERNÁNDEZ ANAYA

Hay personas que hablan con sus actos, y nos dicen que la integridad es posible. Él es un ejemplo; toda una invitación a reflexionar sobre la naturaleza, la importancia y los desafíos de hacer lo correcto en diferentes contextos de la vida.



Sucedió el 2 de diciembre de 2012, en el cross de Burlada (Navarra). El atleta Abel Mutai, medalla de oro de los 3.000 obstáculos en los Juegos Olímpicos de Londres, estaba a punto de ganar la prueba cuando, al acercarse a la meta, creyó que ya había llegado. Entonces, aflojó el paso y, relajado, comenzó a saludar al público creyéndose vencedor. Detrás venía Iván Fernández Anaya que, al ver que el keniano se equivocaba parándose una decena de metros antes de la pancarta, no quiso aprovechar la ocasión para acelerar y ganar. Se quedó a su espalda y, gesticulando para que lo entendiera, casi empujándole, llevó a su rival hasta la meta.



El corredor vitoriano —por aquel entonces campeón de España de 5.000 metros en categoría promesas—, afirmó al terminar la prueba:


«Aunque me hubieran dicho que ganando tenía plaza en la selección española para el Europeo, no me habría aprovechado. Creo que es mejor lo que he hecho que si hubiera ganado. Y esto es muy importante, porque hoy en día, tal como están las cosas en todos los ambientes, en el fútbol, en la sociedad, en la política, donde parece que todo vale, un gesto de honradez va muy bien».



Es admirable el énfasis de Iván: el valor de hacer lo correcto, incluso cuando no es la opción más ventajosa. Y es que necesitamos testimonios poderosos como el suyo acerca de la integridad por encima del éxito a cualquier precio; un escándalo para aquellos que priorizan el resultado sobre la ética; una lección para todos los que andan escasos de virtud y sobrados de arrogancia.


Este tipo de actos no solo son ejemplos individuales loables, también tienen un impacto social significativo al promover un estándar ético más alto en áreas donde el logro y el sectarismo pervierten el corazón humano.


Es admirable el énfasis de Iván: el valor de hacer lo correcto, incluso cuando no es la opción más ventajosa.

Si quieres saber más sobre qué es eso de «hacer lo correcto», te invito a leer los libros de los siguientes autores:


Alasdair MacIntyre y Tras la virtud, en el que explora cómo las acciones éticas se relacionan con la formación del carácter y la integridad moral.


Michael J. Sandel y Justicia: ¿Hacemos lo que debemos? Un examen con diferentes enfoques para determinar qué es justo y cómo se deben tomar decisiones éticas en situaciones complejas. A través de ejemplos precisos y debates contemporáneos, el autor nos invita a reflexionar sobre cuestiones morales en la política, la economía y la vida diaria.


José Ramón Ayllón y Ética actualizada. Un manual para guiar la propia conducta en la vida diaria desde un enfoque interdisciplinar. El autor, sin faltar al rigor del filósofo, consigue traducir lo complejo en conceptos sencillos, asequibles y aplicables a multitud de situaciones.


Once años después de aquella carrera, Ivan se ha hecho un hueco entre los más grandes del atletismo europeo, y si hoy nos abriera la puerta de su casa veríamos a un tipo que respondería al perfil de aquella célebre cita de C. S. Lewis: «La integridad es hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando».

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